¡París, París, París!
- osmadomo
- 23 feb 2017
- 4 Min. de lectura
La ciudad del amor.
Dejo atrás la puta madre tierra, que difícil es dejar atrás la familia, me despido de mi primo y tomo el avión que me llevaría al destino más esperado de mi viaje. ¡Oh! ¿Quién no sueña con ir a Paris? Si señores iba rumbo a cumplir un sueño más, paso por migración, me siento ya un mochilero afortunado nadie me requisa y sigo mi marcha con muchísima ansiedad pues la ciudad de la luz esta frente a mí en pocas horas.

Unas pocas horas de vuelo me llevan a Paris, para mi sorpresa es un aeropuerto un poco desordenado muy grande y con un poco de suspenso pues estoy por fin en la ciudad del amor ¿será que encuentro ese amor que tanto he esperado en mi vida?¿será que por fin después de atravesar medio mundo encontraré esa media naranja? bueno en realidad ese no es mi objetivo esta ciudad tiene un encanto bohemio que siempre he querido conocer. Caminar por el Sena y estar frente a la Torre Eiffel.
Como no era de esperar me pierdo un poco buscando mi salida para tomar el metro, aquel metro del cual esperaba conocer con mucho cuidado pues tiene más rutas y líneas que el centro de Bogotá y puedes perderte fácilmente pues sus interminables estaciones y líneas son muy fáciles de perder. Llegue a la máquina para comprar el ticket y no veía ningún latino para asesorarme en mi ruta, iba pensando si tomaba el bus pues la ruta del google maps era más sencilla por bus q por metro, compro finalmente el tiquete para el tren y salgo a la gigantesca estación de buses en busca de mi terminal para tomar bus y luego llegar al metro.

Llego a mi estación a esperar que pase el bus, pensando en los ángeles para que me envíen ayuda y no me deje perder en esta inmensa ciudad, pues la verdad hasta ese momento aun sentía q no entendía el mapa del metro q ya tenía en mis manos, en ese estado vegetativo que tomas al momento de concentrarte en tu otro yo, veo que llegan unos chicos que hablan español un poco enredado pero al final es español y me recorre un sentimiento de emoción.
¡Hola chicos! ¿De qué país de Suramérica vienen? Y al escuchar ese como “estai” inmediatamente identifico mis hermanos chilenos, ese acento tan particular que llevan y que en un momento como este se siente de maravilla, claro al empezar a hablar con ellos entiendo q llevan muchos años viviendo en Rusia y que su acento extraño se debe a que ya tienen una mezcla del ruso golpeado y del chileno cantado, suena extraño pero para mí es una bendición escuchar una palabra en español después de más de 8 horas….
No pude tener una mejor explicación para moverme en el metro de París, acá hago un paréntesis pues es mejor comprar el paquete de 10 ticketes que sale más económico que comprarlos individual, buen truco mis amigos chilenos. Ahora para mi tranquilidad y gracias a mis ángeles que siempre actúan a favor mío, estos chicos iban en la misma dirección en la misma línea de metro y con ellos haría todo mi recorrido pues iban dos estaciones antes que la mía ¿casualidad? No papa eso es que el universo siempre conspira para arreglarme la vida de mil formas que aún no entiendo y a veces creo no merecer.
Es así como llego a mi destino, mi ahora gran amiga parisina Paulette una señora de más de 65 años, me recibe con una sonrisa después de haberme perdido un poco y de poder llamarla desde un celular de una italiana que muy amablemente me ayudo a ubicar el apartamento que estaba buscando. (nótese la inmensa ayuda de extraños que llegan a mi vida, justo cuando más los necesito) y es así como entablo una conversación de unas horas con mi nueva anfitriona amiga personal, mi gran amiga Isabel aquella mujer que me cobijo en Cuzco hace ya algunos años. Cuando tuve esa difícil experiencia en Perú, que más adelante les contaré en uno de mis relatos.

No podíamos empezar una buena charla sin destapar una deliciosa botella de vino francés, aquella noche hable tanto de Colombia que sentía q estaba en mi hermoso país, fue tan bonita la acogida que me dio mi amiga Paulette que me sentí en casa. Después de esos ires y venires de contarnos historias de vida y de mi hermoso país, al cual estas invitada mi querida amiga si decides venir, pues tenemos aún muchas historias que contarnos y dedicarnos un espacio entre tus cigarros y mi copa de vino una buena charla de la vida.

Mi primer noche en Paris no puedo ocultar mi felicidad salgo a la ventana y respiro ese aire parisino que tiene un particular aroma, estoy en el mismo centro de París a muy pocas cuadras de mi anhelado sueño Eiffel pero es tanto el cansancio y tan tarde que decido descansar para salir muy temprano a mi cita con aquella torre de hierros retorcidos que un loco que muchos años del mismo nombre decidió hacer quizá con la convicción de pasar a la historia o de mostrar su irreverencia y de hacernos sentir pequeños bajo su sombra.
Pasa la noche rápidamente y llega mi primer día en París.



